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EL VALS DE LOS TOREROS 

Jean Anouilh

Después de Orquesta de Señoritas, Díptico Atroz Teatro regresó al universo de Jean Anouilh con El Vals de los Toreros, una comedia donde el humor convive con la melancolía y el fracaso humano.

Un viejo General, su esposa y la aparición de un antiguo amor convierten las relaciones sentimentales en una elegante batalla.

Entre el deseo, la nostalgia y la derrota, los personajes intentan sostener sus sueños mientras todo a su alrededor comienza a derrumbarse.

Una puesta en escena donde la ironía y la fragilidad avanzan al ritmo persistente de un viejo vals.


Hay amores que, como un viejo vals, nunca terminan de olvidarse.

HISTORIA Y CONTEXTO.

El Vals de los Toreros supuso el segundo encuentro de Díptico Atroz Teatro con la dramaturgia de Jean Anouilh, después de Orquesta de Señoritas.

La compañía encontró en Anouilh un territorio especialmente cercano a su propia búsqueda teatral: personajes complejos, humor ácido, crítica social, teatralidad y una visión profundamente humana de las relaciones personales. Si en Orquesta de Señoritas el escenario aparecía como un pequeño cabaret de frustraciones y supervivencias, en El vals de los toreros las relaciones sentimentales se transformaban en una batalla elegante y absurda.

Jean Anouilh, una de las grandes voces del teatro francés del siglo XX, construyó una dramaturgia situada constantemente entre la comedia y la tragedia, entre el humor elegante y la fragilidad de sus personajes. A través de situaciones aparentemente ligeras o absurdas, sus obras revelan las contradicciones humanas, el desgaste sentimental, las derrotas íntimas y la dificultad de sostener los ideales frente a la realidad.

En El vals de los toreros, las relaciones amorosas y familiares se convierten en un auténtico campo de batalla emocional, donde el deseo, la mentira, la nostalgia y la necesidad de seguir soñando conviven bajo la apariencia brillante de la comedia francesa.

 

LA MIRADA DE GINÉS SÁNCHEZ

“Seguimos soñando que algún día los únicos campos de batalla sean los escenarios.”

En este segundo espectáculo de Anouilh, después de Orquesta de Señoritas, la compañía seguía necesitando del humor y hacía extensiva esa necesidad a la sociedad en su conjunto: abordar las cosas más trascendentes sin evitar la sonrisa.

Las defensas de las naciones están en continua reflexión estratégica, pero también en el microcosmos de las personas y de sus relaciones se ganan y se pierden batallas continuamente.

Los actores, presos de nuestra utopía, seguimos soñando que algún día los únicos campos de batalla sean los escenarios; lugares donde puedan dilucidarse todas las razones por las que el hombre vive, mata, sueña, ambiciona, ama o muere. Y con una poderosa diferencia: aquí nada de todo ello hace daño. Al contrario, el teatro puede liberarnos de la pesada carga de la ignorancia ciega que tantas veces conduce al desastre.

El teatro puede divertir y ser ejemplar. Ahí reside también su valor ético. Es una escuela porque nos enseña que dependemos siempre del grupo, y nos recuerda que debemos ser capaces de enfrentarnos a cualquier obra del teatro universal y hacerla nuestra sobre el escenario.

 

Ficha artística y técnica

​Reparto

General — Ginés Sánchez

Generala, Hija y Criada — Ana Aguilar

Secretario — Andrés Sierra

Euverte y Pamela — Mercedes Tirado

Costurera — Marie Crispim

Cura — José Antonio García

Justina — Virtudes Sánchez

​Equipo Artístico y Técnico

Autor Jean Anouilh

Diseño de escenografía, vestuario, cartel y programa — Gabriel Carrascal

Realización de escenografía — Taller Horizonte

Realización de vestuario — Nieves Rivera

Grabación musical — José Manuel Vaquero

Sonido e iluminación — José Antonio Reina

Fotografía — Paco Aguilar

Regidora — Manuela Cabana

Adjunta a dirección — Carmina Poblador

Dirección — Ginés Sánchez

El Vals de los Toreros — Compañía Díptico Atroz Teatro